El Ecosistema Tributario: Introducción para la comunidad emprendedora

viernes 06 de agosto de 2021 - 10:00 WEST

Cuando escucho en los medios de comunicación hablar de las personas emprendedoras me hace pensar en los jóvenes británicos que desfilaban alegremente en sus pueblos y ciudades antes de marchar al frente en Francia durante los duros años de la Primera Guerra Mundial con el convencimiento de que iban a luchar por el Rey y el Imperio Británico y volver con gloria a sus hogares.

En cuanto llegaban a las trincheras del Somme o de Ypres; la realidad cambiaba: de los vítores de la despedida, los desfiles, y los uniformes nuevos; pasaban al frio, la humedad, las ratas y la omnipresente muerte que llegaba de las trincheras contrarias. La persona que quiera emprender ha de saber lo que hay en esas trincheras: competidores, proveedores, clientes, administraciones públicas, etc…

Lo normal es que conozcan sus productos o servicios. Sepan cómo actúan parte de sus competidores. Si han hecho un buen plan de negocio es probable que tenga una idea aproximada de quiénes son sus proveedores y, lo más importante, sus clientes. Pero en estos pasos iniciales se suele olvidar una parte importante que va a afectar la marcha del negocio; además es el ejército más poderoso, más numeroso y con mejor armamento que habita la trinchera contraria: las Administraciones Públicas.

Desde la corporación local hasta la administración estatal y la Unión Europea nos encontramos con multitud de organismos, agencias, oficinas e institutos que van a velar por el cumplimiento de las leyes, reglamentos, reales decretos, órdenes, instrucciones que emanan de cada uno de ellos. Todos los ámbitos de la empresa van a estar afectados y controlado por uno o más de estos organismos: lo que ingresemos y gastemos por la Agencia Estatal de Administración Tributaria y en Canarias añadimos la Agencia Tributaria Canaria; las personas trabajadoras y la relaciones con ellas por la Tesorería General de la Seguridad Social, el Servicio Público de Empleo Estatal, la Inspección de Trabajo; nuestros productos y servicios por las Oficinas de Información al Consumidor, normativa turística, sanitaria, etc; nuestros datos por la Agencia española de Protección de Datos.

Uno de los elementos que más preocupa al empresariado es, sin lugar a dudas, las obligaciones fiscales, principalmente los impuestos que periódicamente hemos de presentar y pagar a lo que comúnmente denominamos Hacienda. Recordemos aquel eslogan publicitario de finales de los 70 que rezaba “Hacienda somos todos” y que ha triunfado en el imaginario colectivo nacional desde entonces. El eslogan completo era “Ahora. Hacienda somos todos. No nos engañemos” para contrarrestar otra figura importante de nuestro imaginario (y prácticamente del de todas las naciones): la picaresca, el engaño, ocultar ingresos y aflorar gastos, en definitiva, hacer una liposucción ficticia o artificial a nuestra factura fiscal para pagar menos de lo que indican las normas. Esto es posible porque es el propio sujeto pasivo (para entendernos el contribuyente) es el que, siguiendo una serie de normas y reglas establecidas por la administración correspondiente, elabora y presenta las liquidaciones de impuestos, dejando a la Administración la tarea de revisar que lo que se ha presentado es acorde a las reglas establecidas.

No pretendo asustar a nadie que tenga como loable objetivo el emprender, solo que al igual que el “Tommy” que llega a la trinchera, el frio y el peligro ya lo están esperando. Solo la experiencia de combate y el conocimiento le dan las herramientas necesarias para sobrevivir. El iniciar una idea de negocio es lo mismo, hay que conocer el entorno, su realidad y los mecanismos y relaciones que se articulan. Lo que denomino el ecosistema tributario es una parte de esa realidad, inexorable y cierto, la persona que emprende tendrá que enfrentarse e interactuar con él, relacionarse con los entes que lo habitan, reales como el personal de las distintas administraciones tributarias o creados en forma de modelos tributarios que al igual que los organismos de un ecosistema natural pululan en éste.

Me quiero referir a estos organismos creados que pueblan el ecosistema tributario. A diferencia de sus equivalentes naturales no reciben nombres en latín como Syngnathus hippocampus o caballito de mar. Por fortuna para los que nos dedicamos a esto se codifican con un sistema numérico en la mayoría de las ocasiones formado por tres dígitos; así nos encontramos con el 145 “IRPF. Retenciones sobre rendimientos del trabajo. Comunicación de datos al pagador”. Si a alguien le pica el aguijón de la curiosidad y dispone de tiempo en la página web de la AEAT (agenciatributaria.es) tiene un listado clasificado de los modelos que le competen. También la Agencia Tributaria Canaria dispone del suyo menos numeroso al disponer de menos competencias.

En manos de la persona emprendedora está la manera de afrontar esta aventura: puede intentar entrar en una jungla enmarañada donde difícilmente a golpe de machete puede ir haciendo camino o puede enfrentarse a una sabana donde el tránsito es más sencillo pero no exento de peligros o dedicarse a explorar un sistema antropizado donde un sendero lo guíe. Todo depende del conocimiento que haya adquirido de nuestro sistema tributario, al menos de sus elementos más básicos, a mayor profundidad menos peligroso es el camino y más efectivo el machete que nos abre paso.

Al igual que en un ecosistema natural en el ecosistema tributario existen unos naturistas que hacen que la tarea sea más llevadera, y reciben nombres menos evocadores como asesores, gestores o abogados. Son de gran utilidad pues pueden suplir la falta de conocimiento y experiencia de un explorador neófito o experimentado pero no debemos de olvidar que éste debe conocer a lo que se enfrenta, al menos que cuando hable con ellos pueda hacerlo en el mismo idioma y sea capaz de entender las consecuencias de sus decisiones en el ecosistema tributario que pueden llegar a ser tan nefastas como en cualquier otro poco recomendado para los humanos.

Como en cualquier ecosistema hay organismos de todo tipo y con características y formas de comportarse distintas y que desarrollan su actividad en unos momentos determinados del año fiscal, que suele coincidir con el natural pero no siempre. Habrá criaturas esquivas y poco habituales con las cuales no nos encontraremos nunca; pero habrá otras que aparezcan una y otra vez en las épocas en las que les toca. Dependiendo del tipo de explorador que seamos si vamos solos, que es más conocido en este entorno como empresario individual, o acompañados con nombres como sociedad en sus múltiples formas, asociación, fundación, etc (las personas jurídicas) interactuaremos con unos entes u otros; aunque hay muchos que son comunes según la función que desarrollen. Vamos a referirnos a los más habituales.

Encontramos dos grandes organismos el modelo 100 más conocido por Declaración de la Renta o IRPF y el modelo 200 en la jerga Impuesto de Sociedades; que podríamos comparar con los grandes animales como las ballenas o los elefantes son poderosos modelos tributarios que recaudan los impuestos de las personas físicas el primero y de las personas jurídicas el segundo. Son complejos pues quieren recoger en un solo modelo la realidad fiscal de los diferentes exploradores que pululan en el ecosistema; el más famoso del nuestro, Amancio Ortega, usa el mismo modelo 100 que tu. Estos monumentales modelos aparecen una vez al año el 100 desde 7 de abril al 30 de junio para el ejercicio 2021 y el modelo 200 desde el 1 al 25 de julio de cada año en relación a la actividad desarrollada en el año anterior.

Sin embargo hay otros modelos que aparecen trimestralmente; no son tan complejos y la información que contienen es mucho menor; voy a destacar tres de la Administración Tributaria Estatal y uno de la Canaria porque numerosas empresas los tienen que tener en cuenta:

  • El modelo 111 donde se van a ingresar en Hacienda, entre otros conceptos, las retenciones que en las nóminas se hacen a las personas trabajadoras y que en las facturas se hace a los profesionales que realicen trabajos para la empresa.
  • Similar a este pero aún más sencillo es el modelo 115 donde se ingresan las retenciones que se hacen a los arrendamientos de locales de negocio, oficinas, etc.

Hay que reseñar que estos modelos no suponen un mayor coste para la persona emprendedora; ya que es una cuantía que se retiene a sus destinatarios: trabajadores, profesionales o arrendadores para ingresar en Hacienda como adelanto de los impuestos que éstos tendrán que liquidar. Al ser pagados trimestralmente pueden generar problemas de tesorería si no se tiene prevista esta contingencia. Estos dos modelos aparecen durante los primeros veinte días de los meses de enero, abril, julio y octubre recogiendo los datos del trimestre natural anterior.

  • El siguiente modelo, sí afecta al bolsillo de la persona emprendedora, es el modelo 130 y tiene las mismas fechas de aparición que los anteriores salvo el mes de enero que se alarga hasta el día 30. Va recogiendo y acumulando los datos de ingresos y gastos que el empresario individual ha generado durante el ejercicio; es un modelo que va acumulando los datos de cada trimestre y añadiéndolos al anterior. Por regla general se ingresará a Hacienda un 20% de la diferencia entre los ingresos y los gastos en concepto de pago adelantado del modelo 100 o IRPF.
  • El correspondiente a Canarias se ha denominado modelo 420 y es la declaración trimestral del Impuesto General Indirecto Canario (IGIC) y tiene las mismas fechas que el modelo 130 salvo el mes de enero que se alarga hasta el día 31. Aquellos contribuyentes sujetos al impuesto van a ingresar a la Hacienda Canaria la diferencia entre el IGIC que han pagado sus clientes (IGIC repercutido) del IGIC que ha soportado y se considere deducible. Nos encontramos con un impuesto que no sale de los bolsillos del contribuyente que actúa de mero recaudador, sale del de sus clientes, pero puede generar tensiones de liquidez si el IGIC de los clientes no lo hemos cobrado.
  • Por último, no podemos olvidarnos de tres modelos que no van a suponer pagar cantidad alguna son informativos y van a aparecer durante el mes de enero. El modelo 190 es resumen de los cuatro modelos 111 del año. El modelo 180 es el referido al 115. En ellos se informa de las personas a las que hemos realizado retenciones. El modelo 425 es un resumen detallado de toda la gestión del IGIC y es un resumen de los modelos 420.

No hay que olvidar que todos estos organismos se nutren de un solo alimento: la contabilidad; aspecto fundamental tanto para conocer la marcha del negocio como para atender correctamente las obligaciones fiscales. La contabilidad requiere de la máxima atención y preocupación por parte de la persona emprendedora.

Estos son los modelos más habituales a los que tendrá que hacer frente una persona emprendedora; aparecerán otros con sus reglas y peculiaridades a los que habrá que tener en cuenta pues los errores en la tramitación salen caros, más que en otros ámbitos de la vida; una multa por aparcar en una plaza de minusválido asciende a 200,00€, la sanción mínima por presentar el 190 fuera de plazo es de 300,00€.

Este ecosistema no debe asustar a las personas emprendedoras; forma parte de la aventura y con él hay que contar. Saber cómo funciona, lo que representa y lo que supone si nos saltamos sus reglas nos da un conocimiento que permite minimizar los riesgos; si se puede contar con los servicios de personas expertas, mayor seguridad.

Soldados y exploradores han existido siempre; muchos han caído en el camino pero muchos más han logrado sus metas. ¿Suerte o preparación?. Me quedo con lo que decía Pasteur: “La suerte solo favorece a la mente preparada”

Post elaborado por Javier López, gerente en Red de Estrategias SLUP

 

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