La ULL trabaja en el diseño de nanopartículas nanomateriales capaces de detectar explosivos o depurar aguas

viernes 30 de noviembre de 2012 - 14:23 CET

El Grupo de Investigación Laboratorio de Rayos X y Materiales Moleculares también colabora con grandes empresas internacionales.

El mundo de la nanotecnología se ha convertido, en los últimos años, en una de las mejores opciones para buscar soluciones a múltiples problemas relacionados con la seguridad alimentaria, la depuración de aguas, la eficacia de los medicamentos, la puesta en el mercado de nuevos materiales y hasta la seguridad antiterrorista. Se trata de una línea de investigación en auge que cuenta en la Universidad de La Laguna (ULL) con uno de los equipos multidisciplinares con mayor proyección internacional: el Grupo de Investigación del Laboratorio de Rayos X y Materiales Moleculares que lidera Catalina Ruiz Pérez, quien ahora combina esta labor con el de vicerrectora de Investigación y Transferencia del Conocimiento de la ULL.

Este grupo de investigación forma parte del Proyecto Estructurante NANOMAC que, pese a la paralización de fondos regionales a causa de la crisis, pretende establecer conexiones entre distintas áreas del conocimiento de las universidades canarias en este segmento de I D y la industria nacional e internacional. Todo ello para poder realizar adecuadamente la transferencia tecnológica,  uno de los objetivos principales marcado por la Fundación Empresa Universidad de La Laguna (Feull) y quiere poner en valor con motivo de las Semanas de la Ciencia, promovidas por la Agencia Canaria de Investigación, Innovación y Sociedad de la Información del Gobierno de Canarias.

Catalina Ruiz explica que su equipo de investigación está trabajando en la producción de diferentes materiales moleculares que, al ensamblarse con otros, den lugar a nuevos materiales con propiedades a la carta produzcan determinadas propiedades. ‘Ahora mismo, estamos trabajando en  un gran proyecto con la multinacional Abengoa Water para desarrollar sensores que sean capaces de detectar ciertos nuevos contaminantes en las aguas’, remarca la investigadora. En este sentido, explica que hay ciertos nuevos agentes, también a escala nano, muy difíciles de detectar en las aguas y, por tanto, de depurar. Se trata, entre otros, de restos de fármacos muy comunes como el ibuprofeno o los anticonceptivos. Estas moléculas están presentes en las aguas y ya se están detectando algunos problemas medioambientales relacionados con este fenómeno. Desde el equipo de investigación se explica que, en el caso del ibuprofeno, la cantidad que absorbe el cuerpo no llega al 10% de lo que se consume y el resto, se deshecha y terminan en el agua. ‘Como lo nano se detecta con nano, buscamos materiales porosos que capturen estas moléculas para proceder a su depuración?, insiste Ruiz.

Otra de las líneas de trabajo de este Grupo de Investigación especialista en materiales moleculares está en el desarrollo de sensores de material explosivo en la categoría nano para que pueda ser utilizado en aeropuertos, puertos y otras zonas de control de seguridad. En este caso, colaboran con el Instituto de Nanotecnología de Aragón.

 

En ambos casos, el sistema de trabajo es similar: se busca en laboratorio el diseño y la creación de una molécula que reacciona ante determinadas propiedades químicas y físicas y esa reacción es lo que se convierte en el sensor bien de explosivos bien de contaminantes o de cualquier otro elemento que se busque.

La investigadora principal explica que para crear estos nuevos nanomateriales utilizan moléculas simples como los aminoácidos, que son los componentes de nuestro ADN, o moléculas de ácidos carboxílicos, como el oxálico presente, por ejemplo en el tomate. ‘Buscamos moléculas no contaminantes y que sean muy comunes y simples’. Luego, comienza el trabajo de unión entre las moléculas para finalmente dar lugar a sistemas muy complejos.

Los químicos, los biólogos y los físicos saben muy bien ante qué otras moléculas reaccionan las que han creado y buscan esa reacción en laboratorio. ‘Un explosivo no es más que un sistema molecular’, remarca Catalina Ruiz quien explica que, si determinadas moléculas se han diseñado específicamente para reaccionar ante la presencia de determinados compuestos, cuando esté cerca de éstos, saltaría la alarma de un dispositivo de control.

Además de crear las moléculas, en este laboratorio se busca el  incorporarlas a su vez a otros nuevos materiales que tenga las características determinadas para ajustarlas a las necesidades que se requieren. Se desarrollan armazones moleculares con la capacidad de captar las moléculas y crear esas reacciones en el interior.

Así es como se parte de un objetivo determinado para crear nuevas moléculas químicas que, después, formen parte de un nuevo material que resuelva determinados problemas de la vida cotidiana. Ya hay nanomateriales en el mundo de la informática, la navegación aérea pero, también, en la industria agroalimentaria o en la de los fármacos ya que se han logrado nanoestructuras que permiten a los medicamentos viajar exclusivamente a la zona donde son necesarios, evitando efectos secundarios indeseables y el exceso de ingesta de medicación que, como se ha visto, puede afectar posteriormente al Medio Ambiente.

Esta tecnología abre la puerta a muchas aplicaciones en varios tipos de industria ya que ese mecano de nanopartículas se puede convertir en todo aquello que se desee. Y muchos de estos nanomateriales se crean en la ULL.

*Información elaborada en el marco de las Semanas de la Ciencia y la Innovación en Canarias.