Continuamos con esta formación genérica en el marco del proyecto SpinUP, orientada a mostrar las posibilidades de seguir realizando investigación, más allá de un entorno público. Emprender puede ser una vía, es importante conocer sus principales características y escuchar de primera mano algunas experiencias.

“Ni todos los emprendedores son empresarios, ni todos los empresarios son emprendedores”

En esta ocasión nos acompañó Pedro Pardo, del Instituto Aragonés de Fomento, una entidad que tiene como objetivos fundamentales favorecer el desarrollo socioeconómico de Aragón, favorecer el incremento y consolidación del empleo y corregir los desequilibrios intraterritoriales.

Se hizo un repaso por la historia del emprendimiento, hasta llegar a la situación de España en cuanto a su sistema innovador y lo que supone valorizar – desde el punto de vista económico – los resultados de un proyecto de investigación. También se hizo incidencia en qué es una Empresa de Base Tecnológica (EBT): aquella empresa que explota el conocimiento generado en la Universidad, a través de un contrato de transferencia, y que cuenta entre sus socios y socias fundadores con profesorado y con la propia Universidad. La creación de EBT tiene beneficios directos para los centros de investigación, como por ejemplo el hecho de permitir comprobar que el esfuerzo investigador tiene una aplicación directa en la sociedad, proporcionan una nueva fuente de ingresos o constituir una alternativa laboral estable y de calidad para las personas vinculadas a grupos de investigación.

“No solo innovan los científicos, sino especialmente los ciudadanos, el 8% de las ideas empresariales provienen de científicos, a través de la I+D formal, el resto de trabajadores en activo.”

Pero hemos dicho que también hablamos de experiencias emprendedoras. Fue el momento de la spinoff “Wooptix“, cuyo cofundador y CTO, José Manuel Rodríguez Ramos, tuvo a bien contarnos su experiencia, aciertos y errores en la puesta en marcha de esta iniciativa empresarial. Uno de los consejos que aportó a todos los presentes fue el “arte” que supone patentar y su elevado coste, por lo que resulta imprescindible ser previsor y determinar muy bien el alcance de la patente. Por ejemplo, imagina que tu patente es muy genérica y abierta; llegado el momento, si una empresa la adquiere o la licencia te estarás perjudicando a ti mismo, ya que no podrás usar otras muchas posibles aplicaciones de dicha patente.

En lo que coincidieron ambos ponentes fue en los incentivos que puede tener el personal investigador de una institución pública para crear una empresa:

  • Obtener recursos para financiar el crecimiento del grupo de investigación, el desarrollo de nuevas líneas de investigación.
  • Aprovechar la investigación para lograr publicaciones. El crecimiento “científico” (las publicaciones) no es incompatible con el “tecnológico” (la solución de problemas puntuales de empresas).
  • Validar los resultados de investigación en la propia realidad, aplicando el conocimiento científico en aspectos prácticos. La ilusión de ver la idea funcionando en la práctica.
  • Obtener una remuneración complementaria a título personal, a través de la explotación comercial de los resultados de sus investigaciones.
  • Acceder al equipamiento, instalaciones y muestras necesarias para hacer posible la investigación del grupo.

Si quieres conocer de qué hablamos en la tercera y última sesión pásate por la sección de noticias en los próximos días.